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viernes, 24 de julio de 2015

Relatos: BOYS DON'T CRY

Ya he contado muchas veces que mi gran influencia a la hora de escribir la componen la música y el
"Touchdown catch" by Clappstar (CC BY-NC-ND)
cine. Pues bien, esta historia aúna estas dos vertientes más que ningún otro relato. La idea me sobrevino viendo la (genial) serie "Friday Night Lights", una más que certera crónica de un grupo de chavales y sus vivencias, con el fútbol americano como telón de fondo. Y de escenario, un pueblo de Dallas, uno de esos en el que todo el mundo se conoce y todos tienen una opinión para cada mínima cosa. Y es que siempre me ha llamado poderosamente la atención el contraste que existe en esas regiones de Norteamérica. Jóvenes que, como todos, tienen ansias de libertad y ganas de romper con lo establecido, pero que están anclados en un lugar que los juzga a cada paso, tratando de convertirlos en clichés, persiguiendo que el tiempo sea inapreciable, que los hijos sean un clon de sus padres.
Con esa imagen en la cabeza, empecé la historia de Riley, y me puse a escuchar música para que las palabras fluyeran un poco (eso sí, el proceso fue leeento). Pero a diferencia de otros relatos, en esta historia, las canciones iban saltando de una a otra como en un reproductor en modo aleatorio, por lo que al final eran muchas melodías las que asociaba al relato, cada una a un momento en el periplo del protagonista.
Así, en esta historia plagada de música, el reproductor de Riley irá saltando entre las siguientes canciones:

“Boys don’t cry” de The Cure;
“You can’t always get what you want” de The Rolling Stones;
“Mr. Brightside” de The Killers; 
 “Jealous Guy” de Roxy Music; 
“Comfortably Numb” de Pink Floyd";
“We Never Change” de Coldplay;

Y son estas melodías las que van marcando el ritmo de su relato.
Espero que lo disfrutéis.


Boys don't cry

“El día que se apagaron las estrellas”. Así lo llamaron.

Y es que, aquella noche, ninguna de las figuras del instituto Wheatley consiguió concretar jugada alguna. Las esperanzas por renovar el título regional se consumieron en un instante, como si fueran la llama de una vela en medio de un huracán.

viernes, 10 de octubre de 2014

La caja tonta: FIREFLY


“Cuando Frank llegó a la librería, la cubierta de piel de aquel libro llamó su atención. Parecía antiguo y olía a montaña. Se preguntó si sería el que andaba buscando. “Algo que me saque de esta monotonía”, deseó. Lo giró para contemplar el lomo y descubrió el título entre letras agrietadas por los años. «El romance olvidado de Joanna Rivers». “Qué título más malo”, pensó.
Frank no soportaba las novelas de corte amoroso, y la sola idea de pasar su tiempo descubriendo los secretos de alcoba de una jovencita le daba un terrible dolor de cabeza. Con cierta decepción soltó el libro en el estante. Lo que él no sabía entonces era que aquel libro hubiera dado un interesante giro a sus apáticas tardes.”

Las etiquetas, las malditas etiquetas. Tantas veces tenemos la necesidad de poner un nombre para clasificar algo en un sitio en otro. ¿Por qué tenemos esa manía? Bajo mi punto de vista, creo que lo hacemos para establecer preferencias con ellas. “Es una novela de aventuras”, me parece interesante.  “Es un ensayo”, menudo tostón. Con las películas y las series nos pasa lo mismo. A algunos le brillan los ojos al escuchar que el próximo estreno es una de terror, mientras a otros no los llevas ni a rastras si escuchan la palabra musical. Para gustos los colores, dicen. Lo que ocurre es que, a veces, las preferencias no son más que prejuicios vestidos con piel de cordero. Parece que estamos llenos de ellas, yo el primero (NO me lleves a ver una película romántica, NUNCA).

Precisamente, son estos prejuicios los que me han hecho siempre tan difícil lograr convencer a mis amigos para dar una oportunidad a esta gran serie que aquí os presento: Firefly.