viernes, 18 de marzo de 2016

Colaboraciones: "KILLER ON THE ROAD" de Ángel Zurdo

Hará cosa de mes y medio publiqué en el blog un relato/canción basado en el "Riders on the storm" de los Doors. Ya entonces os conté que el germen de ello era un juego literario con mi amigo y maestro Ángel Zurdo, en el que uno proponía una canción y con ella escribíamos cada uno una historia.

"Kansas Lightning" by Shannon Diizmang (CC BY-NC-NF)
Cómo en cualquier vinilo no puede haber una cara A sin la B, hoy os dejo con la visión que él tuvo de la magnífica composición del grupo liderado por Jim Morrison.
Al final, me queda la sensación de que, siendo muy diferentes entre sí, los dos relatos se complementan extrañamente, creando un disco del que me siento muy orgulloso. Mientras mi relato hablaba del hastío de las relaciones y la obsesión con recuperar el pasado, el de mi amigo, más complejo, nos cuenta una historia muy oscura, con historias que envuelven otras, pero que también nos habla de la obsesión como desencadenante de la trama.

Sin marearos más, os dejo con esta fantástica narración de Ángel, repleta de emociones duras e intensas al ritmo de la hipnótica canción. Os pido que no juzguéis a los personajes hasta no leer el texto completo, porque lo genial de este cuento es lo que a primera vista no se adivina.

A ver si Ángel se nos decide pronto a sacarse un blog, pues os aseguro que tiene muchísimas historias diferentes e interesantes que ofrecer.

Por supuesto, leedlo escuchando la canción de los Doors, así como la de King Crimson que también aparece en el cuento:
 
Gracias de nuevo Zurdo, por compartir tus escritos a través de mi página. Es un honor.

Killer on the road de Ángel Zurdo 

Jim era un tipo normal que vivía con una familia normal en una casa normal de una ciudad normal. Sin embargo, las tardes de tormenta...
La primera vez ocurrió de casualidad. Apenas sintió el primer trueno, salió corriendo, se metió en su coche (un coche normal), giró la llave y pulsó el botón de encendido del aparato de música. El mp3 estaba programado en el modo aleatorio, de forma que no podía saber qué canción iba a sonar, pero allí estaban las primeras estrofas de una melodía amarga y premonitoria:
 
Riders on the storm  (1)
There’s a killer on the road
 
Su preferida.

Comenzó a circular sin rumbo predeterminado bajo unas primeras gotas de lluvia que pronto se transformaron en una cortina impenetrable a pesar de que el limpiaparabrisas se afanaba en moverse a toda velocidad intentando hacer mínimamente visible la carretera. Jim continuó su camino a través del gris marengo de la lluvia y las nubes. Cada vez se hacían más frecuentes los relámpagos y los truenos, más cercanos también a aquellos con cada minuto; parecían incorporarse al ritmo de la melodía. Conducía imprudentemente, incrementaba irracionalmente la velocidad y su estado de agitación iba en aumento con cada acorde natural y musical.

domingo, 6 de marzo de 2016

Minirelato: EN ALGÚN LUGAR

"Driftin Away" de Erik Johansson
Dejo aquí un minirelato para el concurso "La imagen imposible I" de "El círculo de escritores" que finalmente ha quedado en tercer lugar.
Después de las nueve mil y pico palabras del dios del viento, no viene mal algo cortito para descongestionar.

En algún lugar

Dejadme que os cuente que existe un pueblo oculto en un lugar del que nadie se acuerda.

Como una página perdida, como una botella con un mensaje que nunca llega, se esconde este pedazo de tierra pintada de casas magenta, donde los árboles dan sombra a la hora de la siesta y el mar es tan claro que los lenguados compiten en torneos de sombras chinescas.

«Dicen los que viven aquí, que no existe lugar más perfecto sobre la tierra.»
 

En esta villa no llegan cartas, y el cartero toma café con la florista de nueve a cinco.
Los ancianos les van saludando al tiempo que corren la maratón y esquivan a los gatos que se juegan a la brisca a quién le toca asaltar la pescadería.
En la acera de enfrente, el barrendero baila con su escoba e imagina que el auditorio se viene abajo de tanto aplauso. La corista, que lo admira en secreto, ya prepara un nuevo espectáculo, donde lo va a convertir en estrella. En el periódico local se rumorea que será el nuevo Pavarotti.

Mas no todo es tan idílico; como cualquier pueblo, tienen su alcalde. Pero al menos este es de los buenos, este sabe ilusionar a todos. Por eso es de derechas en invierno y de izquierdas en verano. Dicen que en los años bisiestos incluso le sale la vena nacionalista.

«Cuentan los que viven aquí, que nadie es más feliz en ningún otro lugar sobre la tierra.»

En la playa, los niños juegan desnudos, riendo sin hablar y cantando canciones. Al caer la noche, estudian el cosmos y disciernen sobre Nietzsche o Kant dependiendo si toca semana nihilista. Y se enamoran y se desenamoran y se vuelven a enamorar, y no les importa porque así se descubren cada vez.

Al volver, como cada madrugada, se encontrarán con la banda paseando por la calle principal, alegrando con los más bellos sonidos. Flautas y trombones finalizarán la fiesta tocando los himnos de todos los países, que no es bueno discriminar. El público eufórico bailará sobre fogatas improvisadas y beberán hasta que los besos huelan a vino con gaseosa.

«Juran los que viven aquí, que no podrían vivir en otro lugar sobre la tierra.»

Seguro que a estas alturas os estaréis preguntando cómo es que llegué hasta aquí. Me temo que no puedo contestaros. Los que me recibieron cuando quedé varado en la orilla lo hicieron con efusivos abrazos y tiernas palabras, pero mortuorio silencio cada vez que preguntaba por mi paradero.

Cien veces lo intenté y cien que recibí total indiferencia.

Pero eso no es lo importante. Lo que aquí os quiero contar es cómo he acabado odiando este lugar.

Cómo me estallan los oídos cada vez que escucho por enésima vez las celestiales melodías o cómo me dan ganas de arrancarme la lengua con las trascendentales conversaciones a primera hora de la mañana.
Cómo no aguanto mirar esos cuerpos perfectos sin tela ni misterio. Lo monótono que resulta hacer el amor de día y de noche, y a media tarde si hace buen tiempo. Cuán agotador es enamorarse todo el día, desenamorarse y volverse a enamorar.
Aquí incluso el enfadarse es considerado incitación al terrorismo y el llanto está perseguido por delito contra la seguridad.

A decir verdad, no me extraña que no quieran desvelar nada sobre la localización de este edén. Si alguien lo descubriese, seguro lo bombardeaba por el bien de la humanidad.

Yo no os pido tanto, me conformo con que me ayudéis.
Por eso, desafiando las leyes de este lugar, publico aquí esta misiva desesperada:

Vivo en el paraíso; por favor, rescatadme.



jueves, 25 de febrero de 2016

Relatos: DIOS DEL VIENTO (Wandering fish - Pez errante)

Aprender.
Amala by Ciryl Blanchard. http://cyrilblanchard.com/
Amala by Cyril Blanchard (www.cyrilblanchard.com)

Qué gusto de descubrir algo nuevo. Da igual que sea hablando, estudiando, escribiendo o jugando. A voces o en silencio. De las cosas más trascendentales y de las más absurdas. En definitiva, la satisfacción de empaparnos de lo que no sabemos y salir de la experiencia llevándonos algo diferente.

Aunque la pereza es un gran enemigo (y creedme que sé mucho de eso), cuando consigues liberarte de ella tienes por delante una autopista llena de curiosidades y situaciones enriquecedoras.

Y eso es justamente lo que yo he experimentado al escribir este cuento. Un juego de imaginación que se convirtió, poco a poco, en una obsesión por conocer todo sobre lo que iba contando.

Todo comenzó con la invitación de mi amiga y escritora, Eugenia Soto Alejandre (visitad sus historias aquí), que nos regaló a los compañeros de la agencia una canción para que inventásemos a partir de ella. No sé por qué, pero enseguida se me vino a la cabeza la imagen de una joven niña india caminando por el desierto. A partir de ahí, con el fin de dar un armazón a la historia, empecé a leer sobre la región, su cultura y sus costumbres. Fue así como descubrí la hipnótica Jaipur, capital del Rajastán, una tierra llena de color y contradicciones.

Gradualmente, acabé enamorándome del personaje de la niña. Y, casi sin darme cuenta, se fue tejiendo esta historia de inocencia, dioses y sueños. Al final se ha convertido en el cuento más largo que he escrito y me ha traído un interés por seguir aprendiendo de esta fascinante cultura.

En resumen, que este relato ha sido algo diferente. Porque a la vez que disfrutaba inventando, lo pasaba en grande investigando (que no quiere decir que no haya metido algún patón). Aprender como mecanismo de diversión. ¡Quién lo hubiese dicho en los años del colegio!

Espero que os guste el relato. Si se os hace muy largo, os animo a leerlo por capítulos. Yo he preferido publicarlo entero para que cada uno escoja como acercarse a él.
Y, como siempre, si os gusta o no, los comentarios son más que bienvenidos. Y que lo compartáis con los conocidos más aún, que lo de el de darme yo autobombo por la red cada vez me gusta menos.

Por supuesto, os dejo aquí la canción que lo empezó todo (Gracias Eugenia):





Editado 01-03-16: Finalmente, Cyril Blanchard me ha autorizado a poner sus fotografías en el blog, por lo que voy a retocar todo el relato con sus estupendas imágenes. No dejéis de visitar su página: www.cyrilblanchard.com .

P.D: He dejado unas notas al final del cuento, por si tenéis curiosidad con alguno de los términos más autóctonos.


Dios del viento

«Brahma crea, Shiva destruye. Visnú hará que el mundo siga girando. 
Y mientras, Vayu, montado a la cola del viento, lo observará todo.» 
1.- Brahma, el creador 

Cuentan las leyendas locales que no hay atardeceres más majestuosos que los que se ven en Jaipur. No son tan brillantes como los de Delhi ni el sol se refleja en el mar como en Bombay. Mas, en la capital del Rajastán Indio, se produce un fenómeno que no pueden igualar otras ciudades más imponentes. 
Shita # 2
Shita #2 by Cyril Blanchard (www.cyrilblanchard.com)

Yamika, como muchas tardes, contempla el espectáculo sobre la terraza del templo de Birla Mandir. Sus ojos, negros y enormes pozos de alquitrán, esperan con la impaciencia propia de la juventud a que los últimos rayos se escondan tras las montañas que la separan del desierto del Thar. En sus pálidas manos mece una pequeña pecera redonda con un pez dorado. 

    — La próxima vez tendríamos que verlo desde el palacio de los vientos—susurra la pequeña. 

lunes, 1 de febrero de 2016

Acordes: RIDERS ON THE STORM

Buenas de nuevo. Como podéis comprobar no ando muy inspirado últimamente, y las entradas brillan
"Another #Season" by Dee Ashley (CC BY-NC)
por su ausencia. En la medida de lo posible intentaré ir colgando alguna cosita antigua mientras trato de escribir algo nuevo. Aunque sea algo pequeñito como lo de hoy.

En este caso, os dejo con otro relato/poema basado en una canción. Como ya os comenté en la entrada de "Boys are back in town", se trata de un juego con mi amigo Ángel Zurdo que propuso la magnífica e inquietante pieza de ese grupazo que es "The Doors" para inventar con ella. Mientras que él se curró un relato lleno de riqueza (que luego incluso ha mejorado y le invito a que lo publique aquí), a mi me debió pillar el día vago, y me salió algo más simple de lo habitual. Pero no todo tiene que ser relatos de tres mil palabras. Os dejo a vosotros que me contéis si os ha gustado.

Por supuesto,  tratad de escucharlo con la canción:


RIDERS ON THE STORM
Escrito en Noviemre de 2014

El viento está electrificado esta tarde y las gotas de lluvia hacen cosquillas cuando saco el brazo por la ventanilla del coche. Con el manantial abriéndose camino por mis dedos, me viene a la cabeza la imagen de cuando éramos jóvenes y no nos importaba empaparnos en la calle. Tú tenías el rostro inundado de pequeñas perlas brillantes y yo te acariciaba el pelo con la delicadeza del que tiñe telares en un pueblecito al pie del gran Atlas. “Los paraguas son de perdedores”, pensábamos. Y que nos cayera un rayo si hacía falta. Morir felices era la mejor manera de largarse.

Lo jodido es que el tiempo te termina dando la razón.

“Into this house we’re born
Into this world we’re thrown”


Aquí dentro del coche  se está más seguro. Sabiendo que si Zeus enfurece, estaremos guarnecidos en una cáscara mecánica. Solos tú y yo, a escondidas de los rayos que queríamos que nos atravesaran. Mi orgullosa cumbre, que hace años fue mi entrepierna, es ahora una vergonzosa curva que nace en el esternón. Los hilos de tus cabellos se han teñido de apatía, todos iguales y jugando al mismo juego. Me gustaban más cuando se revolvían, niños traviesos, en un caos perfecto.

Tantas partes del cuerpo donde la frustración se quedó a vivir.

“Girl ya gotta love your man
Take him by the hand
Make him understand”


El aguacero ya no nos deja ver más allá. Convierte todo el aire en río, dejándonos aislados de ojos indiscretos. Condenados a tener que mirarnos y tratar de contestarnos. Pero, para que hablar… acabamos follando con la desesperación que nos da el fracaso. Siempre nos gustó así. Fuerte, guarro, como el último polvo que echar en la vida. Un salto sin red, una bifurcación en la carretera. Sin las lágrimas que se marcharon en el momento en que tus labios me supieron como siempre. Y, mientras la razón susurra “sigue caminando”, la pasión suplica “no por este camino”.

Cuando nos corremos, beso con anhelo, endulzas con un “te quiero”. Sabemos que son mierdas disfrazadas. A veces desearía que tus labios se sellasen y el silencio fuese nuestra única canción.

Demasiados años nadando en un bote naufragado, al son de éxitos ya olvidados.

“If you give this man a ride
Sweet memory will die
Killer on the road, yeah”


Las nubes se dispersan, aburridas de tanto llanto. El sol juzga inquisidor nuestros ojos culpables. Pero ya no nos miramos. Cada uno tiene la vista encerrada en un baúl de su memoria. Tu expresión, inescrutable, nunca me permitirá saber lo que piensas. Aunque ya me da igual. Tengo mi mente asentada en un tiempo lejano de feliz tormenta, observando tu delicioso trasero moverse de un lado a otro. Las hebras, rojo fuego, caen de tu frente, prometiendo noches de húmeda locura. Calada hasta arriba, ahogada en deseo juvenil, pareces lo más bonito que jamás he visto.

Y, entonces, te partió un rayo.

 “Riders on the storm”


lunes, 28 de diciembre de 2015

Colaboraciones: La felicidad, la foto, El Culebras, el convertible... de Ángel Zurdo

Quién tiene un amigo tiene un tesoro. O al menos eso dicen. También dicen que únicamente se pueden tener un puñado, que muchos sólo se tienen colegas. Así que cuando Roberto Carlos cantaba aquello de "yo quiero tener un millón de amigos", en el fondo debia estar más solo que la una (esto podríamos aplicarlo también a los que tienen mil y pico amistades en las redes sociales).

Sin querer separarme de ese tema, y aunque suene a topicazo, es cierto que la vida te coje muchas curvas cerradas que te llevan a caminos que nunca imaginarías. Así he acabado yo siendo funcionario en la Agencia Tributaria y conociendo a un tipo como Ángel Zurdo, un  chaval en el cuerpo de un adulto, de pies veloces e imaginación que rompe las paredes. Y eso que empezó siendo mi jefe y como que imponía. Tal dominio de las nóminas y la productividad (creedme, es un mundo), me hacían verlo como una especie de John Nash de las retribuciones administrativas. Lo que no podía esperar es que detrás del profesional se escondiera alguien con quien compartía muchas formas de ver las cosas y que se convertiría en el acicate que yo necesitaba para sentarme de nuevo a escribir. Además, a parte de los relatos personales que hemos escrito cada uno, hemos abordado más de un proyecto literario juntos, y disfrutado de alguna que otra "broma", como el divertido cuento que os traigo hoy en el que se ha inspirado en una foto del facebook en que mi pareja y yo, en medio de una boda, habíamos perdido ya el sentído del ridículo...

Así que nada, que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Yo tengo unos cuantos rubíes y otros tantos diamantes. Este cabroncete es uno de ellos.
Disfrutad con la vida que nos ha inventado.

La Felicidad, la foto, el Culebras, el convertible…
Por Ángel Zurdo
A Raquel y Alejandro. 

Vaquero en “El Hormiguero”: “la felicidad es levantarse a hacer un pis a mitad de la noche, mirar el  despertador y comprobar que aún te quedan cuatro horas ¡Sí Señor! ¡Qué felicidad!” 

Ya está aquí la felicidad. Me levanto y, con los ojos cerrados, voy al servicio. De niño, cuando me iba a la cama, me daba miedo cerrarlos, me habían dicho que si me moría después de haber sido malo, aunque solo fuera por haber tenido un pensamiento impuro, iría al infierno. Y yo era muy malo (por lo menos “muy impuro” y no solo de pensamiento, otro día les hablo de mi amiga Fifi) por lo que me quedaba un buen rato con los ellos bien abiertos hasta que el sueño vencía al diablo. Ahora en cambio me da miedo abrirlos en mitad de la noche, no vaya a ser que luego no pueda volver a cerrarlos. Así que tratando de mantener lacrado el sueño con mis párpados, regreso y, a ciegas, me meto nuevamente en la cama. Finalmente Vaquero se transforma en un pequeño diablo que cala en mi cabeza y no para hasta lograr que yo mire la hora: las 4:33 anuncia Roxanne (le doy ese nombre porque a mi despertador le ocurre como la heroína de Police, la luz roja es su seña identificativa).

jueves, 3 de diciembre de 2015

Acordes: "Boys are back in town" de Thin Lizzy

Thin Lizzy
De nuevo resurgiendo de entre los muertos, vuelvo a hacer una aparición por este casi abandonado espacio. No voy a poner excusas y lamentaciones, que para eso se inventaron ya el facebook y los rellanos de la escalera. Sólo comentaré que con esta entrada pretendo reformular una sección que sí que estaba completamente desahuciada.
Cuando empecé el Blog, todo eran expectativas, y la idea de tener varias secciones además de los relatos, se me antojaba asumible. Un año después, y tras publicar solamente un puñado de entradas de cine y música, ambos apartados han quedado en el olvido.
Pero lo cierto es que estas dos aficiones siguen siendo mi mayor fuente de ideas a la hora de escribir. Concretamente, la música resulta especialmente inspiradora cuando me encuentro con los (habituales) periodos de musas perdidas. Por eso, me propongo (a mi ritmo lento habitual, no os creáis) ir colocando en esta sección esos relatos que, de alguna manera, están a caballo entre lo que es un relato y lo que es una canción.

Brevemente os cuento un poco el génesis de esta reformulación. Y es que, desde hace un tiempo, tengo un "juego" con mi amigo, Ángel Zurdo (del que os colgaré próximamente un divertido relato en el que se 'mete' con el que os escribe), en el que uno propone una canción y los dos escribimos lo que nos inspira. Hasta ahora han caído "A horse with no name" y "Riders on the storm". El relato que os traigo hoy es una 'evolución' de ese juego, más libre, sin que ninguno imponga una canción y que, además, lanzamos como reto al resto de escritores de la Agencia Tributaria (con algunos resultados muy interesantes). Espero que disfrutéis de este experimento.

*Nota: Al estar tan intrínsecamente relacionado con la canción "Boys are back in town" (Thin Lizzy, 1976), y en las sensaciones que al escucharla me transmite, os pediría que tratarais de leerlo escuchando la música. Tenéis el vídeo bajo estas líneas.



The boys are back in town  

Hoy me parece oír la música que invita a volver a casa,
época de acordes simples y melodías pegadizas.
Quizás es que ha pasado demasiado desde que nos saltábamos la clase.
El instituto acabó hace ya cien años,
pero hoy juraría que se vuelve a escuchar la campana.

Guess who just got back today?
Those wild-eyed boys that had been away
Haven't changed, haven't much to say
But man, I still think those cats are great
(¿Adivinas quién acaba de volver?
Aquellos chicos de ojos salvajes que habían estado fuera
No han cambiado, no tienen mucho que decir
Pero tío, sigo pensando que esos gatos son geniales.)






domingo, 1 de noviembre de 2015

Premios: "Soy el mejor del mundo mundial y que lo sepa todo el mundo"

¿Se hace "De guionista a cuentista" un harakiri?

Siempre he sido uno de esos que no sabe tener los pies en la tierra. No debería tener más de diez años y ya me estaba preparando el discurso para cuando recogiese el Óscar. Con el tiempo, lo he ido repasado muchas veces y le he ido añadiendo matices. Porque tenía clarísimo que ese día llegaría más tarde o más temprano. Vamos que de ego no andaba corto.
 

“And the winner is…” Todos rompiendo a aplaudir, conmovidos ante tal acto de justicia. Frente a la entregada audiencia cito a Kubrick, a Takeshi Kitano, y hasta me pego una marcada con Kurosawa. Y para rematar suelto algo así como "A todos los niños que creen que los sueños son imposibles, desde aquí os digo que sí, que se puede". ¡Toma discurso, Trueba!

Como veis, no tenía problema en dejarme crecer las alas. Pero tanto volar, el tiempo no hace prisioneros y te llena de piedras los bolsillos. Quizá por el peso, quizá por cinismo, me he ido dando cuenta de que no me viene mal bajar al suelo de vez en cuando, y aceptar que no soy Hitchcock reencarnado,  que no voy a tener a Spielberg pidiéndome autógrafos ni a la Scarlett Johansson persiguiéndome cual groupie rockera. Con esto no quiero decir que haya vencido mi egocentrismo. Ni mucho menos. De hecho, mi buen amigo AZG me ayuda de vez en cuando a centrarme, recordándome que no debo estar pendiente de si un relato se lee más o se lee menos. Una difícil lucha la de este hombre ante un caprichoso como yo. Bendito.

lunes, 19 de octubre de 2015

RELATOS: TANDA DE PENALTIS

Hola de nuevo. Ha pasado muchísimo desde la última publicación. Como me voy quedando ya sin disculpas en la
"Goal" by Tom Beardshaw (CC BY-NC-SA)
recámara, esta vez sólamente os dejaré con el relato, que para eso entráis en el blog.

Eso sí, como cada vez estoy publicando menos (ya me he quedado casi sin relatos antiguos y hay que dosificarlos), os pediré que, a los que estais interesados en seguir el blog, quedad atentos a facebook, twitter o google+.

Sin más os dejo con un relato que escribí hace ya  tres años. Si lo hubiese hecho ahora, creo que habría quedado bastante distinto. Pero, bien pensado, puede que entonces tuviese más frescura, menos cortapisas a la hora de sentarme a escribir.
Se trata de una historia de chavales, de esas que tanto me gusta contar. Fácilmente podéis asociarla con "Comando Willy" o "Philippe Marcel". Espero que la disfrutéis. Intentaré que el próximo relato tarde menos en llegar.

Un abrazo y mil gracias por leer y comentar (y por compartirlo, que siempre viene bien ;).

Tanda de penaltis                                                        Escrito en noviembre de 2012
Un golpe seco hizo retumbar la puerta del garaje. La redonda mancha de agua goteando sobre el negro metal no dejaba lugar a dudas, era un diez como una catedral. El mamón había vuelto a ganar.

Mientras Lucas lo celebraba con su clásica “quitada de camiseta y vuelo a lo avión”, cogí el balón de gomaespuma y me dispuse a lanzar de nuevo.


El juego consistía en meter bien en el charco la pelota para que empapara y lanzarla a la escuadra de la improvisada portería. Quien más cerca quedara de la esquina, más puntos sacaba. La mancha determinaba el lugar, como la equis que marca el lugar del tesoro. No se necesitaban porteros, más que nada porque ninguno quería ser nunca portero y nos habíamos hartado ya de discutir sobre el tema.
Sí estábamos de acuerdo en la indumentaria: los dos llevábamos, por supuesto, nuestras camisetas del Barça. La mía ni siquiera era la del equipo, sino que era de un morado gastado, cómo un chicle de cola demasiado masticado. Si no llega a poner Barcelona en el medio, podía haber pasado por la de cualquier otro equipo. La suya sí que era la buena, escudo cosido, colores vivos azul y rojo, y el número diez, que creo que llevaba un brasileño (del que nuestro colega Fede contaba que marcaba tantos goles como fiestas a las que iba).


Éramos el futuro de nuestro equipo esperando a ser descubiertos.


miércoles, 26 de agosto de 2015

Relato corto: INNOCENT WHEN YOU DREAM

"One kiss under the water" by Gemma Bou (CC BY-NC-ND)
Con motivo del concurso de relatos éroticos "Fantasías Textuales" del círculo de escritores, publico este cortito relato (máximo 500 palabras, con lo que me cuesta a mi no enrollarme), esperando que os guste.
La música(que da nombre al relato), esta vez, la pongo en video.





INNOCENT WHEN YOU DREAM

La barra está pegajosa y la ginebra sabe a detergente. Apenas quedamos tres cuarentones en el local dando hipnóticas vueltas a la copa, al tiempo que, desde una destartalada radio, el viejo Tom Waits acompaña con voz de whisky la patética imagen. Sirviendo con desgana, una muchacha masca-chicle que no para de mirar el reloj, ansiosa por cambiar etílicos vejestorios por un plan más acorde con su edad. En otros tiempos hubiera fantaseado con la idea de tontear con ella, quién sabe si incluso de quitarle la poca ropa que lleva. Pero, esta noche, me has jodido hasta la imaginación. 


Y es que, aunque ha durado un momento, has dado la vuelta a todo. Endemoniado resquicio, apareces cual ensoñación desde un vagón, tu cara de niña risueña y el viento meloso levantándote la falda. Igual que aquel verano en el que tus piernas llenaban mis sueños.


Ha sido un saludo frío. Un par de besos y como va todo. Bien gracias, cuánto tiempo y ya nos llamamos. No has dado pie para más, ni una mano furtiva, ni un vistazo con intenciones. Por desgracia, la edad te ha debido robar el descaro. 


Cuando Diana ha bajado por fin del tren, apenas he podido mirarla a la cara. Camino a casa, apenas cruzamos un par de palabras; detalles aburridos de su viaje, promesas de acompañarla al próximo. Al llegar, polvo de compromiso contaminado de rutina, gemidos exagerados y un orgasmo cargado de culpabilidad. Y, en cuánto la ha vencido el cansancio, me he escabullido hasta este tugurio, buscando cualquier cosa que calme mi obsesión. 


Pero, malditos estos hielos, yo tratando de olvidar y ellos, con sólo un balanceo, me transportan a las tórridas madrugadas de agosto, dos sombras jugando a colarse en la piscina de tus padres. Tú, valiente y ávida de emociones, arrastrándome con guiños y risas burlonas. Yo, embobado, siguiéndote como perro faldero, suspirando por sentir tus cobrizos rizos entre mis dedos. 


En aquellas noches te desnudabas a escondidas, más por sádica que pudorosa, zambulléndote antes de que pudiese devorarte con los ojos. El agua, oscura encubridora, se mezclaba con tu piel, marchitando la ilusión de distinguir un cuerpo adolecente que tanto anhelaba conocer. Visiblemente excitada, acercabas tus labios temblorosos, besos húmedos y todavía infantiles, haciendo crecer mi afán por explorarte. Aunque tú nunca dejabas pasar las caricias más allá de la cintura, obligando a inventarme tu anatomía. Entonces vislumbraba un valle sembrado de trigo por debajo del ombligo y te imaginaba el pecho de aquella actriz francesa tan exuberante. Mas, cada vez que parecía que derribarías el muro, volvía tu perversa timidez y desaparecías corriendo, oculta en la noche. 


Con la imagen de tu trasero desvaneciéndose en la penumbra, se rompe la magia del recuerdo y regreso a los borrachos taciturnos. Al tiempo que apuro otro vaso cargado de amnésico alcohol, escucho con ironía como Waits continúa mofándose de mis cavilaciones…


“It’s such a sad old feeling…
…it’s memories that I’m stealling,
but you’re innocent when you dream”

martes, 11 de agosto de 2015

Relatos: HELENA

Buenas a todos. Después de darme muchos quebraderos (Hay veces que te atrancas meses con casi cualquier historia), os
"Janelaprosoldet" by Shiko (CC BY-NC-SA)
dejo aquí el relato que he estado escribiendo estos días. Se engloba dentro de una saga llamada "Las últimas vacaciones", una iniciativa con la que varios compañeros de trabajo hemos estado jugando, aportando cada uno un cuento diferente. Por supuesto, a parte de respetar la temática, había que introducir en el texto unas palabras a cada cual más estrámbótica, tal y como ya ocurrió en "Carolina vs. the hipster" (sólo que, esta vez, las "six evil words" se han convertido en siete).

Dar las gracias a Rafa Maldonado, 'Rafiki', por inspirarme con su relato "La griega", que acompañado de la imagen de "La muchacha de la ventana" de Dalí (que no puedo poner en el blog, tema de derechos), fue dando forma a esta "Helena".

Sin querer dar mas pistas, os invito a que echéis un vistazo a este cuento, una historia que nada entre el erotismo y la actualidad política.
Espero que lo disfrutéis.

P.D.: Como siempre, hubo mucha música mientras lo escribía. Descubrí a Lana Del Rey ("Cola", "Videogames"), me relajé con Radiohead ("Karma Police") y me emocioné con Glen Hasard ("Leave", "Lies"). Y claro, como no, me fui de viaje con Chalres Trenet ("La mer").

Helena                                                           Escrito en Agosto de 2015
Los golpes en la puerta son cada vez más violentos. Los gritos, empapados del odio más visceral, apenas nos dejan oírnos entre nosotros. Reproches, amenazas y palabras ininteligibles deformadas por la rabia, retumbando de tal manera que parecen haber hecho un nido dentro de mi cerebro. Es tan desquiciante que siento ganas de arrancarme las orejas.

Me conoces bien, sabes que no me gusta esconderme. Si sólo vinieran a por mí hace tiempo que les habría abierto y acabado con la pantomima, pero son muchos los que han buscado refugio en nuestra casa  y no quiero ser quién les lance a las fieras. El salón está poblado de ministros y senadores, el alcalde y varios cabezas del partido que hace un año me colmaban de elogios para luego escupirme a la cara. También hay algún que otro funcionario que ha tenido la insensatez de mostrar su apoyo a los presentes. Como ves, este país sigue a rebosar de idiotas y lameculos. Me alegro de que estés lejos para no ver cuán bajo hemos caído. Si pudieras, creo que llorarías de impotencia. O, quién sabe, puede que te desternillaras como una loca, abrumada ante tanta ironía. Es algo que me encanta de ti, que contigo nunca se sabe.